Existen tres tipos principales de
lupus:
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Lupus Eritematoso
Discoide ó Cutáneo: Principalmente
afecta la piel. Genera manchas rojizas, por lo general en
la cara, con sensación de calor y ardor. En ocasiones
hay complicaciones articulares.
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El Lupus
Eritematoso Sistémico: Pertenece al grupo
de enfermedades autoinmunes. En este tipo de enfermedades,
el sistema inmunológico daña los órganos
y sistemas del cuerpo, como la piel, las articulaciones, el
riñón, el hígado, el corazón los
pulmones, el sistema nervioso, entre otros. El sistema inmunológico
no diferencía entre los virus, bacterias o cuerpos
extraños o nocivos al organismo y los anticuerpos que
sí necesita. Este padecimiento es difícil de
diagnosticar, puesto que no tiene una patología definida,
y puede confundirse con otras enfermedades. Existe una serie
de criterios físicos y químicos (análisis
de laboratorio) para poder diagnosticarla.
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Lupus Inducido
por Medicamentos: Algunos medicamentos empleados
para el tratamiento de arritmia cardiaca, o hipertensión,
ocasionan síntomas semejantes, pero una vez suspendidos
los fármacos, el lupus desaparece.
Es de gran importancia subrayar que
el Lupus Eritematoso Sistémico es una enfermedad mortal
si no se detecta a tiempo, o no se administra el tratamiento
adecuado.
El lupus, tanto discoide como sistémico,
es una enfermedad crónica, por lo que una vez diagnosticada,
el paciente deberá atenderse el resto de su vida, siguiendo
el régimen establecido por su médico de cabecera
y acudiendo a chequeos periódicos.
Síntomas generales: Dolores
articulares, fiebre, inflamación articular, enrojecimiento
de la piel, sensibilidad a la luz, caída de cabello,
pérdida de peso, úlceras en la boca, convulsiones,
síndrome de Raynaud, alteraciones renales, neurológicas,
hematológicas e inmunológicas además de
inflamación de la pleura pulmonar.
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