Habiéndoseme
diagnosticado el lupus a los 23, pronto aprendí que una
buena relación con mi médico es muy importante.
Me acerqué a varios doctores y finalmente encontré
a uno que se dio el tiempo de hablar conmigo de mi enfermedad
y sus complicaciones.
Mi mayor reto fue vencer la fatiga crónica.
Como madre, me percaté de que no sería tan activa
con mis niños como siempre había querido.