Todos los días, más de 5 millones
de personas en todo el mundo luchan por su salud contra las consecuencias,
a menudo debilitantes, del Lupus, una enfermedad potencialmente
fatal del sistema inmunológico que es capaz de dañar
virtualmente cualquier parte del cuerpo, incluyendo la piel, el
corazón, los pulmones, los riñones y el cerebro.
Nueve de cada diez personas con Lupus son mujeres.
El 80 por ciento de los nuevos casos diagnosticados de Lupus son
mujeres entre los 15 y 44 años de edad, atacándoles
cuando están en la cumbre de su potencial reproductivo
y profesional. Como depredador sin misericordia que es, el Lupus
discapacita permanentemente a muchas mujeres jóvenes.
En un trastorno autoinmune como el Lupus, el sistema
inmunológico no distingue entre sustancias ajenas (llamadas
antígenos) y sus propias células y tejidos. Entonces
el sistema inmunológico produce anticuerpos dirigidos contra
“uno mismo”. Estos anticuerpos — llamados “auto-anticuerpos”
(auto significa ‘de uno mismo’) — atacan a las
propias células del cuerpo y ocasionan inflamación,
dolor y daños en varias partes del organismo.
Se considera que la inflamación es la principal
característica del Lupus. La inflamación, que en
latín significa “en llamas”, se caracteriza
por dolor, ardor, enrojecimiento, hinchazón y pérdida
de funciones, ya sea por dentro o por fuera del cuerpo (o ambos).
La inflamación descontrolada puede dañar permanentemente
los órganos vitales.
En su forma más grave, el Lupus puede ocasionar
erupciones que desfiguran y dejan cicatrices, múltiples
abortos espontáneos, insuficiencia renal, cardiaca y pulmonar,
función neurológica reducida, derrame cerebral,
infarto y la muerte. El Lupus también complica y limita
el tratamiento del cáncer y otras enfermedades que ponen
en peligro la vida.
Muchas personas con Lupus son incapaces de conservar
su empleo o de asistir a la escuela debido a prolongadas ausencias
y hospitalizaciones relacionadas con el Lupus. La mayoría
de las personas que lo padecen deben vivir con un dolor debilitante
y una profunda fatiga, que afectan en gran manera su calidad de
vida.
Para algunos, la memoria y los procesos mentales
pueden quedar dañados, haciendo que tareas sencillas como
el recordar nombres o hacer la conciliación de la chequera
se conviertan en verdaderos retos. Siempre existe la perenne amenaza
de una activación — la súbita aparición
de síntomas más graves.
A pesar de sus enormes implicaciones para la salud
pública, el lupus sigue siendo una inquietud de salud femenina,
peligrosamente sub-reconocida y sub-valorada.